Logo
Peace and Security
navi

Otra Europa es posible: es el horizonte abierto por los movimientos sociales antiliberales que marca el punto de partida para construir la Europa de las ciudadanas y ciudadanos.

 

El “no” francés y holandés al proyecto del “Tratado para una constitución europea” es una muestra del fracaso de la construcción neoliberal europea, una construcción antidemocrática y patriarcal, fruto de acuerdos entre Estados y al margen de la participación ciudadana. Las elites pretenden ejercer un poder constituyente que no les pertenece. Es necesario superar el déficit democrático que caracteriza la construcción actual de la Unión Europea.

 

Las movilizaciones europeas contra la guerra, el liberalismo, el sexismo y el racismo o contra la demolición de las conquistas democráticas, sociales o la privatización de servicios públicos y por la defensa de los derechos universales de estos primeros años del siglo XXI han abierto la puerta para comenzar a elaborar una propuesta de “Carta de principios para otra Europa” que queremos someter al debate público.

 

Todos los principios de esa otra Europa tienen la misma importancia y se basan en:

 

El respeto de la dignidad e inviolabilidad igual para todas las personas por parte de las instituciones

 

La paz, la libertad, la justicia y la seguridad en tanto que bienes individuales y colectivos.

 

La igualdad entre todos y todas; la paridad entre mujeres y hombres, garantizando la diferencia y la diversidad.

 

La ciudadanía europea de residencia

 

Los derechos sociales, laborales, el derecho al empleo, única solución para eliminar la pobreza, la exclusión y la pauperización

 

Una economía socialmente igualitaria, solidaria, ecológicamente sostenible, democrática.

 

La libertad de las ciudadanas y ciudadanos y de los pueblos.

 

Europa no se identifica con la Unión Europea: el proceso de ampliación basado en políticas neoliberales provoca, paro, pobreza, exclusión y alimenta los chovinismos, tanto en el Este como en el Oeste

 

La construcción de las Comunidad Europea y de la Unión Europea ha estado determinada por el peso de los gobiernos, de una instancia no elegida, la Comisión Europea, el papel central del mercado, la libre competencia y las multinacionales, alrededor de las que se han estructurado las relaciones económicas, sociales e institucionales. Estamos confrontados a una “construcción económica” –las leyes del mercado se sitúan en el centro de los Tratados, imponiéndose sobre una decisión política democrática- en contradicción con los principios fundadores de las Cartas Constitucionales del siglo XX.

 

Por eso es necesario afirmar la prioridad de los derechos sociales fundamentales, de los derechos políticos y culturales que demandan un economía alternativa basada en la preservación de los bienes comunes naturales –la tierra, el agua, el aire, la energía- y los servicios públicos. Es necesario comprometerse en un vasto proceso de reapropiación social –nuevas formas de propiedad social- para satisfacer todas las necesidades sociales y permitir un desarrollo democrático y ecológicamente sostenible.

 

La Europa que queremos se basa en la primacía de los derechos de cada una y de cada uno y en el principio fundamental de participación directa de cada ciudadana y ciudadano en las decisiones públicas y colectivas. Europa debe construirse sobre la libre voluntad de los pueblos asociados, basada en la democracia constitucional, en un espacio público por encima de las fronteras y caracterizado por la democracia a todos los niveles.

The European Union already now is transeuropean.